[Nota realizada el 29.04.2019 por Entre Mujeres de Clarín.com]
En El Paraíso de los Animales, ubicado en General Rodriguez, conviven casi 700 miembros de distintas especies. Dialogamos con Loana Fernández (37), una de sus voluntarias. 

El Paraíso de los Animales es el primer santuario interespecie que se creó en la Argentina (en el año 1994) y tiene como objetivo principal el cuidado y protección de más de 700 animales rescatados de situaciones de maltrato y explotación. Actualmente, se encuentran trabajando arduamente en la construcción de un hospital veterinario -que vienen soñando desde hace muchos años- con el objetivo de atender a los animales que habitan allí y a los de la zona.Perros, gatos, caballos, aves, ovejas, vacas, cabras, conejos, liebres, chinchillas, carpinchos y otras especies son recuperados de las calles y rutas, del abandono de sus familias, de abusos varios. Se busca, trasladándolos al campo, darles una vejez digna y un hábitat saludable. En los santuarios -a diferencia de los refugios- los animales no están en adopción, se encuentran en libertad, en su hogar definitivo, viviendo un período de recuperación luego de vidas difíciles, situaciones agitadas o violentas para ellos que degradan su salud y calidad de vida.
Los santuarios brindan un período de felicidad animal entre especies diferentes que ningún otro ecosistema juntaría sino la mano del hombre (la misma que acaricia y castiga); abarcará todo el resto de sus vidas hasta la muerte. Y aunque en Europa ya hay múltiples experiencias del estilo (sobre todo en España), en Argentina no son muchos los sitios que se denominan así: en Córdoba se encuentra el “Santuario Equidad”, y en Pilar, “Jaulas Vacías”.

Loana Fernández (37) es empleada administrativa, vive en Merlo, y es voluntaria de El Paraíso de los Animales desde hace tres años. En sus días libres viaja hasta General Rodriguez, donde queda el predio, y colabora en junto con otros compañeros en la limpieza y la alimentación. También se ocupa de las redes sociales junto a Yamila Buboff (35) y trabaja en ferias veganas difundiendo la Fundación y sumando “padrinos” (voluntarios que realizan donaciones para algún animalito en particular). 

Armando (66) y Gabriela (72) son los encargados principales y las almas gestoras de este sueño. Viven en el lugar e iniciaron el proyecto en el año 1994 sin ningún tipo de ayuda de empresas o del estado, salvo las donaciones particulares a través de las campañas de difusión en las redes sociales. Ellos, según Loana, “no tienen vacaciones, salidas, se ocupan todo el tiempo de los animales, haga frío o calor. No reciben visitas porque están demasiado ocupados atendiéndolos, dedican su vida a ellos, a protegerlos cuando alguien, por ejemplo, los quiere robar”.

“A ‘Pepo’ (una llama) lo utilizaban para sacar fotos en una villa. A la carprincha ‘pincha’ la rescatamos de Jaúregui porque había una superpoblación y los estaban matando, una familia la rescató y se comunicó con nosotros”, agrega Loana. Las voluntarias son como médicas de guardia, en estado permanente de alerta por si reciben un llamado de emergencia: un chancho al costado de la ruta, un perro herido, un caballo a punto de ser sacrificado. “A ‘Mimo’ (oveja) lo rescató un camionero en una ruta del sur. Su madre fue llevada al matadero y creemos que él pasó los alambrados y quedó al costado de la ruta. Cuando llegó tenía 15 días y tomaba la mamadera, ahora es un adolescente y convive con cabras y dos ovejas grandes”, comenta.

Muchos de los caballos son secuestrados de acarreos. “‘Lucas’ fue uno de los últimos que llegó. Lo tenía un carrero cargando bolsas de cemento. En un momento él se cayó y el carrero quería que siguiera, una mujer lo vió y se antepuso, llamó a la policía y lo judicializaron. Terminó con nosotros”, cuenta. Ellos resaltan la importancia de involucrarse si somos testigos de un caso así.

“Un camionero nos contó que cuando encuentran animales al costado de la ruta los carnean ahí mismo”. ‘Vitulo’ y ‘Mu’ son dos vacas que también estaban destinadas a engorde.

El movimiento de los santuarios es antiespecista, considera que los animales pueden sufrir y disfrutar de su vida como los humanos, y que también tienen derechos. Los voluntarios en su mayoría son vegetarianos o veganos, militan el derecho de cualquier especie (la humana y otras) a vivir dignamente. “Francesca y Ulises (chanchos) vivían en un departamento a cargo de una mujer que se iba trasladando de lugar a medida que la denunciaban. La justicia se los quitó y llegaron al Paraíso. Estaban mal alimentados, con problemas de obesidad, Ulises con problemas respiratorios, se le torcieron las patitas de adelante. Hoy están libres, muy bien, con una dieta correcta, disfrutan de cada día”, dice.
En cuanto al hospital veterinario, ya construyeron el techo y están realizando tareas de difusión y convocando a voluntarios para poder seguir avanzando con el proyecto.