Mientras en China se festeja la matanza de miles de perros y gatos para ser consumidos, utilizando la tortura como método para lograrlo, en el resto de mundo nos horrorizamos y lamentamos que exista una cultura que apañe semejante masacre.

Muchas organizaciones/Fundaciones/usuarios han dado a conocer la temática del “festival” y se han realizado diversas acciones en repudio del mismo, juntando firmas a través de change.org para poder frenar este macabro evento. Sin embargo, no podemos dejar de sorprendernos como de la misma manera que rechazamos el repudiable festival de Yulín, aceptamos en nuestro país festivales de la misma envergadura y similares métodos utilizando otras especies.

Entonces nos hace preguntarnos ¿Cuál es la diferencia entre perros y vacas? o ¿entre gatos y cerdos? ¿Sienten menos las vacas y cerdos que los perros? ¿Acaso los terneros son seres inferiores a los gatos? ¿La cultura de un lugar debe indicarnos que el sufrimiento de algunos seres vivos es moralmente aceptable?

La respuesta es que la única diferencia que existe es la especie que estamos consumiendo y que culturalmente valoramos más la vida de un ser vivo que otro.

Y es que nuestra empatía no puede ser selectiva una vez que ya conocemos qué es lo que pasa con los animales que nos comemos.
Ambos sienten y sufren por igual. Ambos también quisieran una vida en libertad.

Incluso existen datos científicos suficientes para admitir que el dolor y el sufrimiento en animales no humanos son experiencias conscientes, a nivel perceptivo y emocional, tan aversivas como para importarnos prevenirlas y aliviarlas.

Aprovechamos esta fecha que nos horroriza debido al Festival de Yulin para repensar sobre las elecciones que estamos haciendo a diario en nuestro consumo de comida y de productos en general.

Todos podemos hacer la diferencia, todos podemos colaborar para que se hagan valer los derechos de los animales no humanos como seres sintientes.