Deja que tu vida sea la contraficción que detenga la máquina
H.D. Thoreau
Desobediencia Civil, 1849

A todas las personas, no hay dudas, les gustan los animales. Aunque hay algunas que no les agradan o simpatizan, la mayoría de las personas adoran a los perros, los gatos y los demás animales que podemos ver y disfrutar en la cotidianidad existencial.

Muchos de nosotros, seguramente, disfrutamos de la compañía de animales no humanos. Establecemos con ellos relaciones con ellos que nos enriquecen como seres humanos. Debe ser una de las cosas más increíbles, los humanos podamos establecer vínculos tan importantes (y muchas veces trascendentales) con criaturas de especies distintas a la nuestra.
 
Pero la duda que surge es: ¿Por qué a unos animales los amamos y otros los llamamos “comida”? y ¿Por qué creemos que podemos tratarlos con crueldad?
¿Sucede lo mismo en otros países?
La respuesta es sí.
Por ejemplo, en los cincuenta estados que conforman Estados Unidos hay legislación que prohíbe el maltrato animal. Aunque puede haber modificaciones entre estados un aspecto es invariable: la ley que prohíbe la crueldad con los animales deja al margen de esta a los animales destinados al consumo humano. Entonces, si criamos a un animal para obtener carne, leche o huevos, tenemos libertad para someter a ese animal a un trato y a unas condiciones, que, de tratarse de un perro o un gato, nos llevarían a la cárcel.
El mundo tiene un sistema industrializado de producción de alimentos de origen animal sustentado en un mecanismo de explotación fabril sin ningún tipo de normativa que les prohíbe torturar a los animales “a su cuidado”.
La industria alimenticia no quiere que sepamos cómo viven los animales cuando se les prepara para el sacrificio porque sabe que la población general es amante de los
animales. Entonces enmascara al público colocando un velo sobre lo que sucede con, por ejemplo, decenas de miles de gallinas encerradas y hacinadas en cajas. Estos seres durante toda su vida no podrán desplegar las alas ni una sola vez, les cortarán el pico para que no se mutilen y se maten entre ellas, enfurecidas por el modo en que se las obligan a vivir. Tampoco quiere que sepamos que las vacas lecheras viven hacinadas en unidades de engorde, donde apenas pueden moverse y donde jamás probaran un brote de hierba. Por eso, el mercado nos inunda con campañas publicitarias que tienen afirmaciones de tipo “este fantástico queso procede de vacas felices” y muestran imágenes de vacas pastando tranquilamente en campos verdes.
Deshonesto, pero no ilegal.

La industria hacer lo que se le antoje con un animal del quevaya a vender la carne, la leche o con los huevos y puede mentir tanto como quiera al respecto, gracias a la distinción semántica que hemos hecho entre unos animales y otros. A unos los queremos, a otros, no solo los matamos sino que también los torturamos.
Y, de algún modo, conseguimos racionalizarlo y olvidar que todas esas criaturas tienen algo increíblemente importante en común: forman parte de la comunidad terrestre (nuestra comunidad).

En este punto llegamos al concepto de Especismo. La discriminación especista supone que los intereses de, por ejemplo, un animal no humano, son de menor importancia por el hecho de pertenecer a una especie “inferior”.
El especismo es un tipo de discriminación moral al igual que otras como el racismo (discriminación basada en la raza) o el sexismo (discriminación basada en el sexo), que
son injustas por el hecho de excluir de consideración o proporcionar una consideración desventajosa o no igualitaria a un grupo determinado por motivos arbitrarios.

El origen de esta posición es debido en gran parte a la educación que recibimos. Se inculca a no considerar a los demás animales permitir utilizarlos, explotarlos y matarlos,
para obtener un beneficio con ello.
La sociedad también ejerce presión sobre aquellos que se rebelan frente a esta discriminación.

¿Cuáles son las consecuencias del especismo? Diversas y afectan los intereses de los demás animales. Una de ellas es la utilización de los no humanos, en los ámbitos de la
alimentación, vestimenta, experimentación y entretenimiento por el hecho de que los animales son, a nivel legal, una “propiedad”.
Rechazar la discriminación basada en la especie significa respetar el interés de todos los animales en vivir, ser libres y no víctimas de torturas: Otorgarle el derecho a no ser
propiedad de otros.
La representación más frecuente del especismo es el antropocentrismo moral, o sea, la infravaloración de los intereses de aquellos que no pertenecen a nuestra especie.
También, puede darse mayor peso a los intereses de ciertos animales no humanos sobre el de otros, por ejemplo, los intereses de los perros que a los de los cerdos,
simplemente porque unos pertenecen a una especie (son “domésticos”) y los otros no (son bienes de consumo).
Es imperioso recuperar la conexión con todos los animales. No sólo por su bien. Hay mucho más en juego que el derecho animal. Es una cuestión de responsabilidad
humana. Enseñar a un niño a no pisotear a las orugas es tan beneficioso para el niño como para las orugas.

Mahatma Gandhi dijo una vez: “Podemos medir la grandeza y el progreso moral de una nación por el modo en que se trata a sus animales”
 
De esto se trata, hacer la conexión. 
Por nosotros y ellos.
Por todos y hasta que la última jaula esté vacía.
 
(Fuente: Libro Por qué amamos a los perros, nos comemos los cerdos y nos vestimos con las vacas. Autora: Melanie Joy)