Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Oxford y la Universidad de Minnesota describe las cargas médicas y ambientales sobre los alimentos que consumimos. Las personas que ingieren 50 g adicionales de carne roja procesada por día tiene un 41% más de posibilidades de morir por las comorbilidades asociadas a su modo de comer.

El artículo afirma que: “Las mismas transiciones dietéticas que reducirían la incidencia de enfermedades no transmisibles también ayudarían a cumplir los objetivos de sostenibilidad ambiental”.

Para The Economist, la cantidad de carne que los estadounidenses y los británicos consumen por día ha aumentado en un 10% desde 1970, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 

Los tipos y cantidades de alimentos que consumen las personas son un determinante importante de la salud humana y la sostenibilidad ambiental. Nueve de los 15 factores de riesgo principales para la morbilidad global son el resultado de una mala calidad en la alimentación, mientras que las enfermedades asociadas con la dieta (incluida la enfermedad coronaria, diabetes tipo II, accidente cerebrovascular y cánceres colorrectales), representan casi el 40% de la mortalidad mundial. Además, la producción agrícola de alimentos emite ∼30% de los gases de efecto invernadero (GEI) mundiales, ocupa ∼40% de la tierra de la Tierra, causa contaminación de nutrientes que altera profundamente los ecosistemas y la calidad del agua y representa alrededor del 70% de las extracciones de agua dulce de la Tierra de ríos, embalses y aguas subterráneas.

 

Clark y colaboradores (2019) encontraron que la carne roja sin procesar tiene doble de impacto en el agua que los lácteos, las nueces, la carne roja procesada (tamaño de porción más pequeño que la carne roja sin procesar) y  el aceite de oliva.

 

Algunas empresas de alimentos como Vivera (Holanda) venden “bifes veganos” en las góndolas de los supermercados holandeses. El mes de su lanzamiento (Junio,2019) fueron vendidos 40.000 bifes en una semana. Según el sitio web de la empresa, su misión es: “Creemos la vida es mejor cuando comes menos carne. Así que estamos aquí para ayudar a las personas a hacer su cambio. Con una deliciosa carne a base de plantas. Alimentando la revolución de la bondad. Buen sabor. Bueno para tu salud. Bueno para el planeta”. 

 

En la Argentina, emprendedores como boobamara confeccionan calzado sin sufrimiento animal. Su web explica de la siguiente manera el tipo de productos que fabrican: “Boobamara Vegan Shoes  respeta la vida de cada animal como ser que siente y propone una vida sin sufrimiento, tomando  conciencia en nuestros productos. Cada una de nuestras piezas se realiza a mano reivindicando el antiguo oficio de zapatero.

Boobamara Vegan Shoes no apoya el consumo obsoleto (comprar-usar-tirar),  por ese motivo trabajamos conscientemente, no generamos stocks innecesarios de mercadería , reciclamos materiales  y estamos innovando en materia prima biodegradable, no solo somos amigables con los animales sino también con el medio ambiente.  Somos la primer marca Argentina peta friendly”.  

 

Para John Parker, el 2019 fue el año del veganismo. En su artículo “The year of the vegan” refiere que “Donde los millennials lideren, las empresas y los gobiernos los seguirán”.  

 

Entrevistado por The Economist, Kornel Kisala jefe de cocina del restaurante Krowarzywa (Varsovia, Polonia) explica  “A los animales no les importa si comes una hamburguesa vegana porque está de moda o porque es sabrosa”. Afirmación controversial fundamentada en el hecho que no toda la clientela del local es vegana: Concurren debido a  que la comida “es deliciosa”.

 

En Buenos Aires, la gastronomía va a paso lento pero firme, incorporando alternativas (o menú completo) basados en plantas. Algunos ejemplos son: Loving Hut, Sattva, La Reverde (Parrillita vegana) y Casa Mhia

 

Miguel Ángel Criado, en un artículo para “El País” menciona una investigación publicada en la Revista Science que indaga el impacto ambiental de los productos derivados de la carne. Criado lo pinta de la siguiente manera: “Casi dos tercios del agua dulce retirada de las cuencas va para regar o dar de beber a los animales. Pero no impacta lo mismo producir un chuletón que soja para tofu. De hecho, los principales productos de origen animal (carnes, peces de piscifactoría, huevos y lácteos) necesitan el 83% de la tierra dedicada a la producción de alimentos y son responsables de casi el 60% de las tres emisiones. Lo peor es que, a cambio, solo aportan el 37% de las proteínas y apenas el 18% de las calorías que sostienen la alimentación humana”. 

 

  1. Poore (Universidad de Oxford)   refiere que optar por una dieta basada en plantas “A nivel individual es realista, un número creciente de personas ya están cambiando sus dietas. Sin embargo, será difícil lograr un cambio generalizado de la conducta (…) Cambios en algo tan importante como los productos que comemos vienen determinados en gran medida por aspectos culturales y sociológicos que desde el punto de vista de un científico pueden ser calificados de irracionales”.

 

Para que el 2020 sea el año de la justicia climática es necesario que dejemos de ver el deterioro a la salud de nuestro planeta como algo “ambiental” para convertirse en un tema ético y político. 


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