Todos los animales necesitan un ambiente donde desarrollarse. Sin embargo, la relación de respeto que la Humanidad tuvo en sus orígenes con los recursos naturales fue transformándose en un medio para un fin. 

 

La megaminería nace como una respuesta a la necesidad de generar productos de valor derivados del oro. Sin embargo, el proceso de extracción provoca daños irreversibles al medio ambiente y los seres que allí habitan. 

 

“El agua vale más que el oro” ¿Por qué las asambleas de vecinos a lo largo de la Argentina y el mundo sostienen esta afirmación?

 

Una mina a cielo abierto usa en promedio (un día de explotación), 6 toneladas de cianuro, 500 mil litros de agua, 400 kilos de ácido clorhídrico, 400 kilos de soda cáustica, 23 mil kilos de cal, 2 mil kilos de azufre y dinamita unas 42 mil toneladas de roca.  Estas explosiones elevan a la atmósfera toneladas de polvo, generando nubes artificiales y provocando una importante alteración de la biósfera.

 

Alumbrera, en Catamarca, gasta 100 millones de litros de agua por día y utiliza el 80% de la energía generada por El Chocón y el 25% de la consumida por todo el NOA (provincias de Catamarca, La Rioja, Tucumán, Salta, Jujuy, y Santiago del Estero). La empresa declara sólo extraer oro y cobre,  pero se comprobó que transporta 46 tipos de minerales distintos. Esta mina produce anualmente 180 mil toneladas de cobre y 600 mil onzas troy de oro las que le dejan en limpio 680 millones de dólares anuales. Se calcula que en los 20 años que dura la concesión la mina generará una ganancia de 34.300 millones de dólares.

 

El modo de extracción implica elevados niveles de afectación del medio ambiente, genera cuantiosos pasivos ambientales y utiliza en forma desmesurada recursos  no renovables como el agua y la energía.

 

1 gramo de oro requiere volar con explosivos 14 toneladas de roca

 

La Asamblea de Jáchal accedió a un estudio de aguas de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y confirmó la contaminación con mercurio, manganeso, aluminio, antimonio, bario, plata, plomo, cromo, níquel, cadmio y cobalto en las aguas. Los análisis, solicitados por la Municipalidad de Jáchal, fueron realizados por el Laboratorio de Análisis Instrumental de la UNCuyo el 28 de febrero de 2018 en el río La Palca, que recibe sus aguas de los ríos Potrerillos y Las Traguas, que pasan directamente por la mina Veladero. 

La Universidad confirmó la presencia de mercurio en 10 microgramos por litro de agua (el límite máximo para irrigación, según la Ley de Residuos Peligrosos, es de 0,1). También se hallaron 34 miligramos de manganeso por litro de agua (la ley establece un máximo de 0,20). El aluminio llegó a 1992 miligramos (el máximo es de 5).

 

“Padecemos el envenenamiento del agua de la cuenca del Río Jáchal a causa de los derrames mineros”, denunció la Asamblea.

 

En diciembre de 2019, familias mendocinas se volcaron a las calles para defender el agua y la Ley 7722. La normativa prohíbe el uso del cianuro, ácido sulfúrico y otras sustancias tóxicas para la extracción minera. 

 

Éstos son  sólo algunos ejemplos de movilizaciones a lo largo de la Argentina en defensa del agua y la montaña. 

 

Según la cosmovisión andina, las montañas son entidades divinas que rigen el destino de los seres humanos. Cada montaña tiene su nombre, espíritu y dominio de protección. 

 

El modelo extractivista necesita “matar” a la montaña para procurarse del oro ¿Cómo funciona? 

 

El primer paso es dinamitar la montaña o sierra donde se hace la extracción. Luego, triturar esa roca hasta convertirla en polvo. Después, procesar el material con una mezcla de sustancias químicas (cianuro, mercurio, ácido sulfúrico, detergentes,  entre otros). Su objetivo es separar los minerales de la roca. Cuando termina el proceso, ese líquido que fluye en millones de litros de agua, se deposita en grandes piletones llamados “diques de cola”. Éstos se construyen frecuentemente sin ningún  control oficial. Por eso son comunes las roturas, fisuras y filtraciones.

 

Matar a la montaña significa matar a la biodiversidad. En estas regiones viven animales en peligro de extinción (por ejemplo, la taruca). Proyectos como el “Parque Nacional Famatina” ( La Rioja) aseguran el amparo de especies como guanacos, zorros, zorrinos, gatos monteses, pumas, chanchos del monte, chinchillas, tucu-tucu, cuises y ratones pericotes. La protección incluye diversidad de reptiles, insectos, aves y vegetación. 

 

La minería es una de las actividades más peligrosas con las que se enfrenta la biodiversidad debido a que produce el empobrecimiento vegetal, la contaminación de mantos acuíferos y ríos, el exceso de deshechos contaminantes y   afectaciones en la salud de las comunidades.  

 

Megaminería es saqueo y devastación, no progreso. 

 

¿Qué podemos hacer al respecto?

 

  • Acompañar iniciativas en nuestra comunidad.
  • Promover un turismo sustentable. 
  • Considerar al ambiente como patrimonio de la humanidad y no recurso para ser explotado. 
  • Acompañar las peticiones de las asambleas en Argentina y el exterior. 
  • Compartir las inquietudes sobre el ambiente con legisladores, partidos políticos y funcionarios. 
  • Adquirir productos de cooperativas que promuevan el comercio justo. Por ejemplo la Unión de Trabajadores de la Tierra.
  • Utilizar de manera consciente el agua y la energía eléctrica en nuestros hogares.

 

Elijamos ser parte de la solución y no del problema