Uno de los caballos más famosos de la Antigüedad fue Bucéfalo, quien, cuenta la leyenda, acompañó a Alejandro Magno durante treinta largos años de batalla. Su nombre deriva del griego βούς (bous), “buey, toro” y κεφαλή (kephalē), “cabeza”, por lo que su significado es “cabeza de buey” o “cabeza de toro”. El apodo lo recibió por el aspecto de su cara y una mancha blanca en la frente con forma de estrella. Según Plutarco, Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro. 

Cuenta la leyenda que cuando murió (algunas fuentes refieren de agotamiento, otras, de las heridas de batalla) en el año 327 a.C. durante la batalla de Hidaspes contra los Macedonios,  Alejandro Magno dio un solemne funeral y bautizó en su honor una ciudad: Alejandría Bucefalia (actual región de Pakistán). 

A lo largo del tiempo, la relación de los equinos con el ser humano  ha sido representada en numerosas producciones artísticas. Recordemos, por ejemplo, la canción del folclorista chileno Sergio Sauvalle “El Corralero”:

“Como pretende que yo/Que lo crié de potrillo/Clave en su pecho un cuchillo/Porque el patrón lo ordenó/Déjelo, nomás, pastar/No rechace mi consejo/Que yo lo voy a enterrar/Cuando se muera de viejo”.

El arte pictórico los ha hecho protagonistas de obras como “La vuelta del Malón” (Della Valle Ángel, 1892) considerada la primer obra de “arte nacional” en la Argentina. En el cine también viene a nuestra memoria “caballos salvajes” (Marcelo Piñeyro, 1995). 

Siempre se relaciona a los caballos con la idea de libertad, belleza, fuerza  y potencia. Sin embargo, el trato que el ser humano le ha dado a lo largo del tiempo dista mucho de dicha visión romántica. 

Ejemplos sobran. Pensemos en el campo del horror de Ezeiza, la cruel realidad de la tracción a sangre (TaS), la faena equina, el abigeato, las procesiones religiosas y, ahora, la la producción de suero hiperinmune para combatir el COVID -19. 

¿Cómo se produce el suero hiperinmune COVID – 19?

 

Antes de abordar la producción del suero hiperinmune anti-COVID-19, hay dos conceptos que debemos diferenciar: inmunizacion activa e inmunización pasiva.

La inmunización activa es producida a partir de vacunas vivas o muertas (agente entero muerto, proteínas del agente, toxoides, ADN, etc.). Éstas generan una respuesta inmunológica en el individuo  de desarrollo lento pero de larga duración. Una segunda exposición al patógeno generará una segunda respuesta  más importante. 

La inmunización pasiva es la transferencia de anticuerpos preformados por un animal, proporcionando protección inmediata pero de corta duración (temporal).  Se llama pasiva porque no se activa la respuesta de la persona sino que se administran anticuerpos de una fuente exógena. Es utilizada, por ejemplo, cuando el animal (humano y no humano) está enfermo y es necesario combatir esa dolencia en el momento, sin esperar a que el sistema inmunológico inicie una respuesta.

 

Vacuna = inmunidad lenta pero de larga duración

Suero hiperinmune = inmunidad inmediata de corta duración

 

Teniendo claro estos conceptos, ya podemos hablar del antisuero que van a realizar para tratar el COVID-19. La inmunización pasiva requiere que los anticuerpos sean producidos en un animal donante mediante inmunización activa, y que esos anticuerpos se administren a los animales susceptibles para conferirles una protección inmediata.

 

Estos antisueros son producidos mediante inyecciones inmunizantes, generalmente en caballos jóvenes. Las inyecciones, en el caso del antisuero para COVID-19, están formadas por proteínas recombinantes del virus . Luego de algunas administraciones, se monitorea el nivel de inmunoglobulinas en los caballos y cuando los niveles de anticuerpos son lo suficientemente altos se somete al caballo a “sangrado”. Esto último consiste en extraer sangre del animal hasta que los niveles de inmunoglobulinas caen y posteriormente el animal es estimulado nuevamente con antígenos (inyecciones).

Cuando se obtiene la sangre primero se centrifuga (para poder separar el plasma) y luego se separa la fracción que contiene los anticuerpos, por último estos se purifican y dispensan. 

Pero, ¿esto es un procedimiento nuevo? La respuesta es NO. Éstos antisueros son utilizados por ejemplo ante una picadura de serpiente, en perros frente al moquillo, en gatos contra la panleucopenia, en humanos frente al sarampión, tétanos, etc.

 

Nuevos problemas, nuevos modos de explotación

 

Más de 100 millones de animales no humanos son torturados y asesinados por año en el mundo, a pesar de que la comunidad científica tiene sobradas pruebas de que la experimentación en animales es un método ineficaz y arcaico para los avances médicos. 

 

Según  Silvina Pezzetta, abogada, investigadora del Conicet y docente de la primera cátedra sobre Derecho Animal de la Facultad de Derecho de la UBA: “Se trata de prácticas éticamente reprochables porque utilizan a un ser sintiente como un medio para un fin. Si tiene la capacidad de sufrir, tiene derecho y la especie no debe ser una barrera para que su dolor no sea tomado en cuenta”.

 

Los caballos toman notoriedad en los medios de comunicación como eso: medios para un fin. Una “cosa” al servicio de la especie más eogísta y nociva que haya pisado la Tierra.

 

¿Y dónde quedaron esas imágenes idílicas, de libertad, compañerismo e identidad nacional? 

 

Sin duda, necesitamos como humanidad inmunizarnos contra la naturalización de la crueldad que tenemos hacia todos los seres. 

 

Tracy Chapman dice que la revolución suena como un susurro. Deseamos que ésta, la de los equinos, sea un relincho ensordecedor y nos recuerde a los humanos que jamás seremos libres si persistimos en sostener la explotación animal. 

 

[Redacción: Ursula Serdarevich y Agustina Daleoso, Voluntarias del Santuario El Paraíso de los Animales]