La cantidad de plástico producido desde su aparición, en 1950, equivale en peso a mil millones de elefantes: el doble de los que existen en el mundo actualmente. Se calcula que unas 700 especies de organismos marinos están siendo afectados por este tipo de contaminación, muriendo cada año más de un millón de aves y más de 100 mil mamíferos como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar.

En consecuencia a la urgencia que demanda la concientización y acción sobre el problema, que afecta tanto a los animales no humanos como a los humanos, es que se instaló este día a nivel internacional. Desde el Paraíso lo aprovechamos para aportar a la causa, con información y consejos para ser parte de la solución.

Según estimaciones de Naciones Unidas, cada año los océanos reciben 8 millones de toneladas de residuos plásticos, y se prevé que, si nada cambia, para el 2050 van a haber más bolsas en las aguas del mundo que peces.

Anualmente son utilizadas 500 mil millones de bolsas plásticas a nivel mundial, convirtiéndose en la opción por excelencia para transportar las compras de todo tipo, aunque ya existen alternativas infinitamente más amigables para el ambiente, reutilizables y hasta biodegradables.

Los escasos minutos que ocupamos cada bolsa plástica, por única vez en la vida, representan cientos de años contaminando al ambiente y a quienes lo habitan. Tortugas y ballenas aparecen muertas en las costas constantemente por confundir las bolsas con alimento, intoxicándose con su consumo, o asfixiándose con ellas.

Ya existen en nuestro país emprendedores que tomaron el asunto en sus manos y se dedican a fabricar bolsas biodegradables, y hasta algunas que al entrar en contacto con el agua se deshacen en cuestión de minutos, gracias a los materiales utilizados en su fabricación. Otra opción son las cada vez más comunes bolsas de tela o carritos para las compras.

Un hábito muy útil es tener siempre alguna de estas opciones en la mochila, cartera y hasta en la guantera del auto, para que las compras imprevistas no nos obliguen a requerir una bolsa de plástico. Cuando su uso sea inevitable, todavía contamos con dos buenas opciones: separarlas como residuos reciclables, o llenar una ecobotella.

En la última década se produjo más plástico que en todo el siglo pasado, y solo el 9% de la producción histórica fue reciclado. Se calcula que el 80% terminó en vertederos de basura y, finalmente, en el ambiente.

Universidades del mundo, incluida la Nacional de La Plata, se están encargando de analizar la presencia de microplásticos en los organismos animales, humanos y no. Se calcula que en promedio cada persona consume 5 gramos por semana, el equivalente a una tarjeta de crédito. 

Por supuesto que nadie los pone a voluntad en sus platos, pero un proceso llamado bioacumulación genera que la cadena alimenticia vaya trasladando las cantidades de plástico consumidas por cada eslabón, empezando por las algas del fondo marino, que sirven de alimento a los peces, desde los más pequeños hasta los más grandes.

Así como es esencial la implementación de políticas públicas por parte de los Estados para regular la producción y uso de plásticos, igualmente importante es la responsabilidad empresaria en encontrar alternativas más respetuosas con el planeta. Históricamente se refleja que estos cambios entran en las agendas de estos agentes, cuando los ciudadanos y consumidores hacen visible su necesidad.

Rechazando las bolsas plásticas de un solo uso, optando por opciones reutilizables y acompañando, o porque no, impulsando peticiones sobre legislaciones y regulaciones, estamos colaborando a que la situación se revierta, y el problema se transforme en oportunidad.

Al tomar decisiones conscientes, empáticas y responsables, avanzamos hacia un mundo en el que todas las especies podamos convivir en armonía. Sería un noble objetivo interiorizarnos en la economía circular y el consumo de lo local, que implican pequeños cambios en nuestros hábitos, con enormes repercusiones positivas para el planeta.

*Con información de Naciones Unidas y Greenpeace.

[Redacción: Pilar Leonardi, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]