El día 7 de julio, se celebra el Día Nacional de la Conservación del suelo, establecido en 1963 por decreto de la presidencia de la Nación en memoria del Dr Hugh Hammond Bennett, investigador estadounidense que trabajo constantemente en busca de la preservación de la integridad del recurso natural del suelo.

Estas palabras pertenecieron al Dr. Bennett:

“La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos y aun casi todo lo que nos convierte en una gran nación comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas. Usted y yo como individuos o agrupados como parte de la raza humana, somos inseparables, excepto por la muerte. El mismo desafío nos confronta a cada uno de nosotros. Su deber y el mío es claro como el cristal y es intransferible. Podemos ayudar o podemos oponernos. La elección está en nuestras manos”. 

La conservación del suelo es esencial para el cuidado de nuestra tierra y como legado para las próximas generaciones. Es sustento de vida, desarrollo y producción. 

El suelo está compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua. Es una capa que se ha formado muy lentamente, a través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios de temperatura y el viento. Las plantas y animales crecen viven, mueren dentro y sobre él. Luego, son descompuestos por los microorganismos, transformados en materia orgánica y mezclados. 

Este sistema dinámico y complejo, tiene por función servir como soporte mecánico para el crecimiento de las plantas, medio a través del cual éstas toman agua y nutrientes (necesarios para su desarrollo). El recurso sufre una degradación progresiva a causa de la erosión, desmontes, uso del fuego, sobrepastoreo y expansión de las fronteras agrícolas. 

¿Cómo impacta en el suelo la erosión?

La erosión es una perdida de las capas más fértiles del suelo y de sus condiciones para producir. Puede ser debida a el agua (hídrica) o el viento (eólica). Por la acción de estos agentes climáticos, las capas superficiales son sustraídas de su emplazamiento original y transportadas a lugares muy distantes.

El suelo removido tardara muchos años en volver a formarse. El resultado final de este proceso son tierras improductivas cuya condición es, en la gran parte de los casos, poco menos que irreversible.

De las 280.00.000 hectáreas (has) que abarca la Argentina, 112.000.000 has (40%) están afectadas en algún grado por procesos de degradación, principalmente por erosión. Se estima que, para las zonas húmedas de nuestro país, la degradación por estas causas se incrementó a razón de 250.000 has en los últimos 30 años. En lo que respecta a las zonas áridas o semiáridas, más de 21.000.000 has se hallan afectadas por erosión eólica, con incrementos de 60.000 has ese mismo periodo.

¿Qué puedo hacer para proteger el suelo?

 

  • Sembrar plantas en las áreas descubiertas de mi hogar o comunidad.
  • Emplear técnicas de jardinería que no requieran cavar.
  • Utilizar la permacultura como método de construcción. 
  • Aprender a realizar compost.
  • Adoptar las 3 R. Reducir, reciclar, reutilizar.

O dejamos que nuestros suelos vayan perdiendo gradualmente su capacidad de producir o comenzamos a tomar acciones concretas para asegurar la subsistencia. Por eso es de verdadera importancia crear la inquietud en toda la comunidad sobre de los riesgos que implica la pérdida de un recurso natural de tan importancia como lo es el suelo. 

Cuidemos nuestra Tierra, por nosotros, por los animales, por nuestras generaciones futuras.

 

 

[Redacción: Josefina Real de Azua, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]