“El perro es el mejor amigo del hombre”: 
¿Cuantas veces hemos escuchado esa frase? Infinitivas. 
Todos tenemos una historia que contar respecto a la lealtad de nuestros compañeros de 4 patas; y muchas se mantienen en la memoria de la historia a lo largo de los años. 
 
Cenizas del Vesubio

Arqueólogos que excavaron las ruinas de la Antigua Pompeya encontraron los restos fosilizados de un niño junto al cuerpo de un perro. La inscripción en el collar de bronce era aún legible: “Este perro ha salvado a su pequeño amo tres veces -del fuego, de ahogarse y de los ladrones”. Un hecho interesante acerca de Pompeya es que aunque fallecieron miles de personas, fueron muy pocos los animales domésticos que tuvieron la misma suerte. Obviamente, ellos pudieron sentir el inminente desastre y escaparon. Sin embargo, este perro, que ya había salvado a su compañero humano tres veces, debió de haber sentido el peligro, pero permaneció junto al niño.

 
Emociones en el campo de batalla
Napoleón Bonaparte se impresionó por la lealtad del perro de un soldado. Escribió: “Repentinamente vi un perro saliendo del gabán de un cadáver. Corrió hacia nosotros, luego regresó a donde su amo emitiendo lúgubres aullidos, lamió su cara y de nuevo se precipitó hacia nosotros. Parecía estar buscando ayuda y venganza a la vez. Por mi estado mental, o el silencio de las armas, el clima, el acto mismo del perro, o quién sabe qué, nunca algo en el campo de batalla me ha causado tal impresión… Había visto, sin lágrimas, operaciones ejecutadas que terminaron con una gran pérdida de nuestros soldados; pero aquí y ahora, ese perro me conmovió hasta hacerme llorar”.
 
Héroe sin uniforme
Un ejemplo más moderno de lealtad ocurrió en 1975 cuando Mark Cooper llevó con él a su pastor alemán, Zorro, a un viaje a Sierra Nevada. En el viaje, Mark cayó a un barranco de 26 metros que terminaba en un arroyo. Cuando recuperó la conciencia, se dio cuenta de que Zorro lo estaba arrastrando fuera del agua hasta la orilla. Luego lo encontraron unos amigos que fueron por ayuda; mientras, el perro permaneció sobre su compañero para darle calor. Al día siguiente, un helicóptero recogió a Mark, pero olvidó a Zorro. Unos voluntarios fueron a buscarlo y lo descubrieron protegiendo la mochila de Mark. Ken-L Rations proclamó a Zorro como “perro héroe del año” por salvar la vida de su padre humano. 
 
Greyfriars Bobby  
El pequeño terrier cuya historia se hizo famosa en la película de Walt Disney: Greyfriars Bobby. Bobby perteneció a un pastor conocido como Auld Jock. Los dos comían en el Greyfriars Dining Room, propiedad de un señor Traill. Jock murió en 1858 y fue enterrado en Greyfriars Kirkyard. Bobby inició su vigilia junto a la tumba sin moverse por un instante. Cada vez que era apartado, encontraba la forma de regresar. A la una en punto iba al Greyfriars Dining Room por una comida. Los Traill trataban de quedarse con él, pero Bobby siempre regresaba a la tumba, y permaneció ahí durante 14 años. 
 
Eterna espera
Hachiko solía acompañar a su dueño, el doctor Eisaburo Ueno, hasta la estación del tren cada mañana, y regresaba ahí para recibirlo cuando volvía a casa. Un día, el doctor Ueno murió en el trabajo. Hachiko apareció en el lugar, como era usual, y esperó hasta la medianoche antes de regresar a casa. Todos los días durante los siguientes 10 años, Hachiko siguió yendo a la estación con la esperanza de dar la bienvenida a su amo. Cuando murió en 1935, fue erigida una estatua de bronce en su honor. Cada año, el 8 de Abril, se realiza una ceremonia especial para honrar su memoria. 
 
Errores fatales
La devoción que los perros tienen por sus amos es bien conocida. Tristemente, los humanos no siempre muestran la misma confianza o devoción por sus mascotas. Prueba de esto ocurrió en el país de Gales del siglo XIII. Gelert era un galgo que pertenecía al príncipe Llywellyn. Un día, el príncipe regresó a su casa y encontró a Gelert cubierto de sangre. Corrió a la habitación de su hijo y observó que las sábanas estaban manchadas de sangre. No había señales del niño. El príncipe pensó que Gelert lo había matado. Sacó la espada y mató al perro. El aullido agonizante de Gelert despertó al niño, quien había estado durmiendo debajo de una cubierta. Junto a su hijo, el príncipe encontró el cuerpo de un gran lobo. Lejos de haber matado al niño, Gelert había salvado su vida. El príncipe quedó lleno de remordimiento, pero era demasiado tarde para salvar a Gelert. En la actualidad, muchos turistas visitan la tumba de Gelert en un campo de Beddgelert, cerca al monte Snowdon en el norte del País de Gales. 
 
El amor verdadero no conoce límites
Un comerciante francés había cobrado un dinero que le debían. Regresaba a caballo con su perro corriendo al lado. Después de algunas millas, hizo una pausa para descansar. Puso el dinero debajo de un arbusto y se acostó en la sombra. Cuando se levantó y reinició el viaje, su perro lo siguió ladrando, aullando, y finalmente intentando morder las patas del caballo. Cruzaron un pequeño arroyo y el perro no se detuvo a beber agua. El comerciante pensó que su perro había enloquecido y decidió liberarlo de tal situación; disparó, pero falló y no lo mató. El perro trató de arrastrarse hacia su amo. Abatido por lo que veía, el comerciante se montó en su caballo y se alejó, pensando que prefería haber perdido su dinero y no el perro. Repentinamente recordó que había dejado el dinero debajo del arbusto. Dio la vuelta y se apresuró a regresar. Su perro estaba bajo el arbusto, protegiendo el dinero. Movió la cola cuando su amo regresó, le besó la mano y murió. 
El perro entendió que su dueño había olvidado el dinero. Hizo todo lo que pudo para avisarle al comerciante. Incluso después de que le hubiera disparado, regresó a proteger al dinero. 
 
Estas son tan sólo algunas de las millones de historias reales de fidelidad de nuestros amigos perrunos. Leerlas nos recuerda que los perros, como todos los animales de este planeta, son seres pensantes, con razonamiento y sentimientos. 
 

[Redacción: Sofía Montanari, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]