Hace algún tiempo, tuve la enorme oportunidad de presenciar un evento increíble. Era una mañana de lluvia intensa, no había nadie en el paraíso más que los fundadores. Una de las ovejas había entrado en trabajo de parto, pero Armando y Gabriela se dieron cuenta que algo andaba mal.

Ya entrado el mediodía, recibimos un llamado de Armando contándonos la situación. Inmediatamente nos comunicamos con varios veterinarios, entre ellos Daniel, un veterinario de General Rodríguez que hace varios años que nos acompaña. Daniel nos iba a recibir en su veterinaria (aunque ese día, no estaba trabajando).

Tres voluntarias acudimos ese día al Santuario. Teníamos que organizar muy bien cómo proceder, ya que además de la emergencia con la oveja, había muchísimos habitantes que atender. Finalmente decidimos que  seríamos dos voluntarias las que iríamos con Armando a la veterinaria, mientras que Gabriela y otra de las voluntarias se quedarían a atender al resto de los habitantes.

Si bien, esto pareció realmente eterno, pasaron escasos minutos entre el llamado de Armando y el arribo a la veterinaria.

Cuando llegamos a la veterinaria, Daniel revisó a la oveja, y tras intentar asistir el parto nos comentó que el corderito no iba a poder nacer de manera natural, la madre tenía el canal muy estrecho; seguido de esto nos dice: -“esperen un segundito, preparo todo y le hacemos una cesárea”-. Nosotros no entendíamos nada, jamás habíamos escuchado de una cesárea en una oveja, pero confiamos plenamente en que la decisión del veterinario era la correcta, si la cesárea no se hacía ambos iban a morir.

Una vez todo listo, comenzó la cesárea. Tuve la oportunidad de observar todo muy de cerca, el trato con la oveja, la anestesia, el procedimiento… Daniel en todo momento me comentaba que era lo que le estaba haciendo, siempre tratándola con mucho respeto y amor.

La operación de la oveja fue muy tranquila, y finalizó aproximadamente en una hora. Lamentablemente, para el corderito ya era tarde… Si bien actuamos todos super rápido, el corderito al perder el suministro de oxígeno en el canal de parto no pudo dar batalla.

Esperando que la oveja despierte, estuvimos hablando largo rato con el veterinario. Él nos comentó que no es un procedimiento de rutina en nuestro país, que las cesáreas generalmente no se realizan, si bien él ya había tenido la oportunidad de hacer una en una vaca y otra en una cabra.

Ustedes se preguntarán, -¿qué es lo que pasa con estos animales (mal llamados de producción) que tienen este tipo de problemas al momento del parto?- -¿Por qué no se realiza esta práctica de manera cotidiana?-. Al no ser rentable una cesárea, los animales que tienen algún inconveniente al parir son enviados al matadero o carneados directamente por sus dueños. -Increíble, ¿no?-.

Y yo ahora, les pregunto a ustedes,  -¿cuál es la diferencia entre estos hermosos seres y una perra o una gata a las cuales se les realizan cesáreas de manera cotidiana?-.

Esta ovejita tuvo la suerte de estar en un lugar donde se preocupan por ella, un lugar donde se los trata como seres sintientes que son. Tuvo la suerte de encontrarse con un grupo de personas que se ocuparon de su salud y bienestar.

Puedo concluir, definitivamente, que la única diferencia es la percepción que cada uno de nosotros tiene de estos seres sintientes. Ahora, a cada uno de nosotros nos toca preguntarnos, ¿Cuál es nuestra percepción?.

Agradecemos infinitamente por su compromiso y dedicación a Gabriela, Armando, Noemí y a todxs los veterinarios y voluntarios que forman parte de este hermoso proyecto.

 

[Redactado por Agustina Daleoso, voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales].​