En el año que la Organización de las Naciones Unidas propone “Vivienda para todos”, el planeta y sus habitantes están el peor momento: estamos atravesando la sexta extinción masiva, los humedales están siendo consumidos por el fuego y los gobiernos siguen tomando decisiones que fomentan las causas de estos problemas.

Si algo ha demostrado este año es que la especie humana y su supervivencia no está alienada del resto de la vida del planeta, sino que existimos en una codependencia cuyo bienestar se sostiene de una convivencia armónica y responsable.

La pérdida de hábitat es la causa número 1 del peligro de extinción de las especies. Sucede cuando el ambiente sufre una modificación tal que vuelve inviable la supervivencia de una especie, lo que en su mayoría se debe a la fragmentación, proceso por el que un paisaje antes continuo se “subdivide” en pequeñas unidades.

Una de cada cinco especies se encuentra en peligro de extinción, pero la pérdida no es igual en todas las regiones y ecosistemas. En promedio, un 68% de las especies han sufrido una disminución de sus poblaciones en los últimos 50 años, y América Latina y el Caribe encabezan la proporción de esta disminución con una reducción del 94% de individuos de especies nativas.

Según el Informe Planeta Vivo 2020 del Fondo Mundial de la Naturaleza, dado que casi el 85% de los humedales a nivel mundial han sido destruidos, la población de los animales de agua dulce está disminuyendo más rápido que la de mares o los bosques.

 

“En el Día Mundial del Hábitat, como parte de este Decenio de Acción crucial con miras a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (…) Mientras nos esforzamos por superar la pandemia, hacer frente a las fragilidades y desigualdades que ha expuesto y combatir el cambio climático, ha llegado el momento de aprovechar el potencial transformador de la urbanización en beneficio de las personas y el planeta”.

António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas

 

Mientras que entre marzo y julio Greenpeace localizaba la deforestación de 29.229 hectáreas de bosque nativo en Argentina, en el último mes y algunos días, son 250 mil las hectáreas de bosques y humedales consumidos por el fuego, a lo largo y ancho de 14 provincias. Según el Monitoreo Global de Bosques, el país está en el segundo lugar en el mundo por los incendios forestales.

A pesar de contar con la Ley de Bosques desde 2007, la cual establece presupuestos mínimos para su protección, no hubo año en el que no esté gravemente sub financiada, lo que provoca que una de cada tres hectáreas consideradas prohibidas para la explotación, sean deforestadas sin sanción alguna.

Estas áreas protegidas son impunemente incineradas por varios motivos:

  • desde el sector ganadero, buscan renovar la pastura para los animales que luego serán destinados a consumo humano;

  • algunas administraciones municipales e individuos queman materiales a cielo abierto para reducir desechos;

  • al eliminar un bosque nativo o humedal, se justifica la modificación del área protegida, para destinar los terrenos a emprendimientos inmobiliarios, explotación agrícola-ganadera y hasta áreas mineras, hoy restringidas por reservas naturales.

 

En lugar de sancionar una Ley de Humedales y priorizar el cumplimiento tanto de la Ley de Bosques como la Ley General de Ambiente, el Gobierno argentino redujo los derechos a la exportación, favoreciendo actividades como la minería y la producción de soja, priorizando los sectores extractivos como aportantes de divisas, sin tener en consideración evaluaciones de impacto ambiental que regulen las actividades.

El Decreto 785/2020 establece que los derechos a la exportación para el sector minero pasen del 12 al 8%. En la misma línea, a través del Programa de Compensación y Estímulo establecido en el Decreto 786/2020, se pasa para el poroto de soja de un 33 a un 30%.

Quienes se benefician de estos negocios son unos pocos, en perjuicio de muchos. La contaminación ambiental, muchas veces irreversible, afecta la salud y el bienestar de animales humanos y no humanos, así como el acceso a recursos naturales indispensables para la vida, en condiciones salubres.

Son incontables las vidas perdidas por la explotación humana sobre los recursos del planeta, en la que no se contempla que esos otros seres también merecen la seguridad e integridad de sus hogares. Este Día Mundial del Hábitat es la celebración oportuna para reflexionar sobre la sinergia que existe entre la protección de la biodiversidad y la mejora en la calidad de vida de todos los individuos. Es hora de que la humanidad se vuelva consciente de cuales son realmente nuestras necesidades, y la relación directa que existe entre como las satisfacemos y el bienestar general.

 

Con información de:

 

 

[Redacción: Maria del Pilar Leonardi, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]