Por definición, el veganismo es una filosofía y forma de vida que busca excluir, dentro de lo posible y practicable, cualquier forma de explotación y crueldad hacia los animales. Se trata de coexistir en armonía con los demás seres de la Tierra, desde la compasión y la máxima empatía hacia la vida que no es propia, siendo plena e indefectiblemente conscientes del impacto de cada acción en el ambiente.

Instalado en 1994 por la Sociedad Vegana de Reino Unido, este día conmemorativo funciona como plataforma de promoción, activismo e información sobre este modo de vivir. El camino que se emprende una vez que se toma la decisión de adoptar estos hábitos es absolutamente satisfactorio, al ir entendiendo como cada acción impacta positivamente en el ambiente y, literalmente, salva vidas.

Muchas veces se cree que es un proceso complejo, pero no se necesitan veganos “perfectos”: entender que el cambio no necesariamente debe ser absoluto y repentino, que no se está solo sino que existen muchísimos profesionales y otros veganos más que dispuestos a dar una mano, y que cada avance en el camino, sin lugar a dudas, convierte el mundo en un lugar mejor para todos los animales, humanos y no humanos.

Llevar una alimentación vegana mejora íntegramente la salud del organismo, sin comprometer la vida, íntegridad ni felicidad de otros seres que merecen tanto como cualquiera poder existir libremente. Pero esto es solo la punta del iceberg, porque ser vegano significa abrir la conciencia a como realmente somos un engranaje dentro de un mecanismo vivo, que resiste gracias a un delicado equilibrio del que podemos ser guardianes o amenazas.

La población humana tardó 200 mil años en alcanzar los mil millones de individuos, pero solo 200 años en llegar a los 7 mil millones, y, de hecho, desde 1960 la población mundial se duplicó. Obviamente este aumento fue acompañado de nuevas formas de producción masiva, en busqueda de alimentar a esta histórica cantidad de humanos en la Tierra.

Pero la fórmula que se sostiene ya desde hace décadas no sólo es probadamente ineficiente y extremadamente cruel, sino que está matando el planeta. Además de que dos mil millones de personas no tienen acceso regular a suficiente comida nutritiva en el mundo, el uso de la tierra que se hace para producir alimentos se encuentra dentro de los principales sectores de emisión de gases de efecto de invernadero.

Si se convirtiera toda la tierra cultivable del planeta, que ahora se usa para producir alimento para ganado criado exclusivamente para ser consumido por humanos, en tierra destinada a la producción de cultivos que las personas comerían de manera directa, se aumentaría la cantidad de calorías disponibles en el mundo entre un 50% y un 70%. Sumado al 30% de la producción de alimentos que se desperdicia, se podría alimentar a 10 mil millones de personas sin daño alguno a la biodiversidad.1

Si algo quedó a la vista con los lamentables incendios que sufrió Argentina desde esta última mitad del año 2020, es que la industria ganadera se maneja impunemente sobre los recursos naturales, dejando sin hogar a especies autóctonas y sin bosques nativos a una de las regiones más ricas en biodiversidad. Dejar de ser consumidores es la mejor manera de presionar para que el cambio suceda ya.

El 70% del uso de la tierra en el país es para cultivo de maiz y soja, alimento de cabecera utilizado para alimentar ganado para consumo humano. Precisamente las ubicaciones de las megafactorías porcinas que se pretenden instalar para abastecer de carne a China, se planean en base a la cercanía de acceso a estos dos alimentos, para reducir costos de transporte.

La actual pandemia es producto de una enfermedad zoonótica, originada por el hacinamiento de animales inocentes, que son obligados a vivir en condiciones insalubres y crueles. El consumo de carne, sea del animal que sea, es potencial colaborador de la cadena de contagio de cualquier enfermedad zoonótica.

Dejar de consumir carne y sus derivados, elegir productos que no le hayan costado la vida a nadie y por los que nadie haya sufrido torturas, significa una pronunciación clara sobre los cambios que entendemos hacen falta y son necesarios para asegurar la continuidad de las especies, en un ambiente donde la única opción no sea sobrevivir, sino disfrutar de la existencia en un planeta sano y vibrante de vida.

 

1Anthony Barnosky: 2014 Holiday Lecture Series “Biodiversity in the Age of Humans

 

 

[Redacción: Pilar Leonardi, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]