La lana es una de las fibras textiles más utilizadas en el mundo. Este nombre se aplica a las fibras suaves y rizadas que se obtienen mayormente del pelo de las ovejas, aunque también se hace del pelo de otros animales.

La lana es muy utilizada por su elasticidad y la longitud que alcanza (se puede alargar hasta un 50% sin romperse) lo que la hace un material especialmente atractivo para hilar, prensar y trenzar.

Para conseguir la lana, las ovejas son esquiladas (se les corta el pelo) una vez al año, normalmente en primavera o verano en zonas frías donde la lana crece robusta; o un par de veces al año si las ovejas viven en zonas más templadas.

Para cortar el pelo, se las tumba y rasura muy cerca de la piel con esquiladoras mecánicas o tijeras. El corte, limpio y rápido, genera el conocido “vellón”, que es la lana de una sola pieza.

En todo el mundo se explotan más de mil millones de animales para obtener su lana. Alrededor del 40% se obtiene de ovejas merinas y un 43% de variedades cruzadas. El 17% restante procede en su mayorí­a de variedades especiales de oveja y otros animales tales como el camello, la alpaca, las cabras de Angora, Cachemira y Mohair, la llama, la vicuña, el yak y el guanaco.

Australia es el primer productor y exportador de lana en el mundo, siguiéndole China, Nueva Zelandia y Turquía. En Latinoamérica se destaca Argentina. El hemisferio sur proporciona más de la mitad de la producción mundial (Australia, Argentina, Uruguay y la República de Sudáfrica). Los principales importadores son los paí­ses de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón.

Por miles de años, las ovejas se han cruzado para obtener la mayor cantidad de lana. Para ello, se busca obtener una oveja con la piel exageradamente arrugada. Cuantas más arrugas, más lana. Las ovejas, especialmente las de la raza merina, son seleccionadas genéticamente para que tengan una mayor superficie de piel y que de esta manera produzcan una mayor cantidad de lana. Una mayor superficie de piel tiene como resultado que estas ovejas tengan una piel muy arrugada. Una piel más arrugada les produce una mayor sudoración, y por tanto un mayor riesgo de contraer enfermedades e infecciones. Además, el exceso de lana hace que miles de ovejas mueran de calor cada verano.

La consecuencia de reproducir ovejas para que produzcan más lana es que producen una gran cantidad de lana alrededor de las nalgas, ensuciándose con orina y con heces, lo cual atrae a las moscas de la especie Lucilia cuprina, etc. que ponen sus huevos en ella y causan la infección «flystrike». El «flystrike» es una miasis, es decir, es una infección parasitaria ocasionada por larvas de mosca que afecta los tejidos y órganos de vertebrados (incluyendo a los humanos). Después de la eclosión, los gusanos se entierran en la lana de oveja y finalmente bajo la piel de las ovejas, alimentándose de su carne.

Para intentar evitar el «flystrike», a las ovejas se les somete a una práctica llamada mulesing. Es una práctica muy común en Australia (el país que más lana produce del mundo), particularmente en ovejas merino muy arrugadas. El «mulesing» consiste en arrancar tiras de piel que contiene lana alrededor de la nalga de la oveja. Normalmente les arrancan la piel con tijeras de podar y sin ponerles anestesia. El tejido cicatricial que crece sobre la herida no produce lana, por lo que es menos probable que se ensucien de orina y de heces que atraen a las moscas que causan el «flystrike». Sin embargo, queda una herida sangrante que será foco nuevas e inevitable infecciones.

Desgraciadamente, la búsqueda de mayores ganancias rara vez se corresponde con lo mejor para los intereses de las ovejas. Cuando declina la producción de lana y las ovejas no son útiles para la industria, son vendidas al matadero.Muchas ovejas enferman, otras quedan sumidas entre los excrementos y no pueden moverse y otras son aplastadas por ovejas que tratan de alcanzar la poca agua que se les da.

Mucha gente cree que trasquilar a las ovejas es bueno para ellas, pues de lo contrario tendrí­an demasiada lana. Pero, sin intervención humana, las ovejas producen la suficiente lana para protegerse de las temperaturas extremas, pues ésta les sirve para aislar tanto el frí­o como el calor. Las ovejas son trasquiladas cada primavera, justo antes de que se deshagan naturalmente de sus abrigos de lana. Para evitar que se pierda la lana, los granjeros han de trasquilar antes de que haga calor, y como consecuencia de esto muchas ovejas mueren de frí­o. A los granjeros se les paga por volumen, no por hora, lo que les obliga a trabajar rápido y sin atender al bienestar de las ovejas. Las ovejas que van a ser esquiladas son inmovilizadas y tratadas como trozos de carne. En numerosas investigaciones se ha registrado cómo los esquiladores golpean a las ovejas cuando no se quedan quietas. En el mundo de los esquiladores existe el dicho «mejor que quede piel en la lana, que lana en la piel», el cual describe la mentalidad violenta de estos: obtener el máximo beneficio económico.

 

Las ovejas son consideradas esclavas y así son tratadas.

 

Las ovejas que son explotadas por su lana son violadas para que produzcan leche y corderos. A las pocas semanas de nacer, los granjeros les perforan las orejas para ponerles identificadores y les cortan el rabo sin anestesia. La mayoría de los corderos macho son enviados al matadero para posteriormente vender sus cuerpos como carne de cordero. Un gran número de machos son castrados sin anestesia usando un cuchillo o un anillo cortante. Los corderos hembra serán usadas para producir más lana, pero su destino final acabará siendo el mismo que el de sus madres cuando dejan de ser rentables: el matadero.

 

 

[Redacción: Josefina Real de Azua, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]