31 de Diciembre, 23:59 p.m.: la familia reunida ya con las copas en alto, esperando el año nuevo para poder dejar atrás uno muy difícil y dar la bienvenida a una nueva oportunidad. 
1 de Enero, 00:00 a.m.: el cielo se llena de colores hipnotizantes y sonidos. La mirada perdida en ellos, pero… ¿nuestras mascotas? ¿por qué no están disfrutando con nosotros? ¿dónde están?.
Se acercan las fiestas y el espíritu festivo se puede sentir en cada tienda. Adornos, ambientaciones navideñas, góndolas llenas de turrones y delicias para la mesa dulce, y pirotecnia… 
 
Cientos de modelos, tamaños, colores, precios, ¡e incluso temáticas!
A pesar de que la sociedad cada vez es más consciente sobre la pirotecnia, las industrias no dan el brazo a torcer y lanzan nuevos productos para poder captar la atención de un público mayor. 
Pero, ¿por qué hace unos años podíamos comprar pirotecnia en mesas dispuestas sobre las veredas de kioscos, y hoy sólo en tiendas especializadas? ¿por qué el show de fuegos artificiales dura cada vez menos? 
Gracias a la concientización. 
 
La pirotecnia no es únicamente nociva para los humanos -riesgos de explosión, quemaduras severas, ceguera, e incendios de propiedades- sino que es altamente perjudicial para los animales. 
 
¿Cómo daña la pirotecnia a los animales?
 
Daños físicos a los aparatos auditivos: El oído de muchos animales es considerablemente más sensible que el humano, por lo que las explosiones de fuegos artificiales no solo les resultan más perturbadoras, sino que les pueden dañar más gravemente su capacidad auditiva.
Los ruidos causados por la pirotecnia pueden provocar una pérdida de audición y tinnitus (fenómeno consistente en percibir golpes o sonidos en el oído que no provienen de una fuente externa, es decir, oír ruidos que no se corresponden con ningún sonido externo).
Miedo y estrés: Los ruidos causados por la pirotecnia pueden llegar a generar fobias en los animales, al aumentar las reacciones de pánico a los ruidos fuertes con la exposición repetida a estos.

Se estima que la quinta parte de desapariciones de animales de compañía se deben a sonidos muy fuertes, principalmente fuegos artificiales y tormentas.

Efectos nocivos por liberación de químicos: Las explosiones liberan partículas nocivas como el polvo fino (PM10), respirable y tóxico, pudiendo empeorar enfermedades existentes y ocasionar otras, además del riesgo de ingestión de productos pirotécnicos. La proximidad de los animales a las zonas en que se fabrican los petardos les causa en muchas ocasiones quemaduras significativas y daños en los ojos.
Accidentes por uso indebido:  El uso descuidado de los fuegos artificiales también puede causar mutilaciones y accidentes mortales en los animales cercanos al evento, así como provocar incendios que dañan a animales.
 
¿Cómo los afecta según su especie?
 
Perros: Congelamiento o paralización, intentos incontrolados de escapar y esconderse, temblores, salivación, taquicardia, vocalizaciones intensas, micción o defecación, actividad aumentada, estado de alerta y trastornos gastrointestinales, entre otros.
Se ha señalado que la reacción de los perros frente al sonido de los fuegos artificiales es similar al estrés postraumático en animales humanos. De todas formas, este efecto sería mucho más dañino en los perros, debido a que estos no tienen la capacidad de racionalizar su ansiedad, o la posibilidad de alguna respuesta cognitiva inmediata que les permita responder a su miedo.
Gatos: Los efectos de la pirotecnia en los gatos son menos evidentes, pero sus respuestas son similares a las de los perros, como intentar esconderse o escaparse. Su curiosidad hace que muchos de los gatos que se encuentran cerca de zonas donde se realizan los petardos los ingieran.
Caballos: Los caballos pueden sentirse fácilmente amenazados por los fuegos artificiales por su condición de animales herbívoros, potenciales víctimas de otros animales, dado que están en estado de alerta constantemente a causa de posibles depredadores. Estos animales también actúan de manera bastante similar a los perros y los gatos, mostrando señales de estrés y miedo, intentando huir o escaparse. Se calcula que un 79% de los caballos experimenta ansiedad a causa de los petardos, y un 26% sufre lesiones por los mismos. En ocasiones pueden reaccionar a la pirotecnia tratando de saltar vallas y huir peligrosamente hacia zonas donde pueden ser atropellados.
Aves: Taquicardia e incluso muerte. Una muestra del estrés que les provocan se refleja en que pueden causar el abandono temporal o permanente del lugar donde se encuentran. Las respuestas de desorientación y pánico frente a los fuegos artificiales pueden provocar que las aves se estallen contra los edificios o vuelen hacia el mar.
 
¿Cuales son las alternativas no perjudiciales?
 
La única alternativa es NO UTILIZAR PIROTECNIA. 
Incluso la pirotecnia sin sonido tiene sus consecuencias, como quemaduras, incendios, intoxicación, contaminación y desorientación de aves. 
 
A su vez, hay quienes podrían pensar que administrar alguna clase de droga calmante a los animales para que no sufran en estas situaciones puede ser la solución, pero esta propuesta es rechazable por dos motivos. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la utilización de drogas para calmar a los animales podría causarles efectos secundarios perjudiciales. En segundo lugar, aun en el caso de que esto último no fuera así, ello dejaría de lado a la casi totalidad de animales. La pirotecnia tiene un efecto sonoro muy extenso. Por ello los animales con los que conviven los seres humanos no son los únicos perjudicados, sino que también lo son aquellos que viven en la calle o se encuentran solos, incluso si consideramos únicamente los animales domesticados en entornos urbanos. Además, estos son también una minoría, pues hay que tener en cuenta a todos los animales que viven fuera del control humano, sea en el mundo salvaje o en entornos urbanos, así como a los que se encuentran en granjas y otros centros de explotación. Por este motivo, la única solución realmente satisfactoria consiste en rechazar el uso de pirotecnia.
 
 
 
[Redacción: Sofía Montanari, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]