No necesitamos evidencia científica para comprobar que la mera presencia de un animal no humano en cualquier ambiente provee automáticamente de beneficios para el estado de ánimo de cualquier humano. Es así que por lo menos desde el año 600 antes de Cristo, los Griegos utilizaron caballos como animales terapéuticos para elevar los ánimos de los pacientes.

La medicina y psicología actuales utilizan la Terapia Asistida por Animales como un método complementario y alternativo para el mejoramiento de diversas condiciones humanas. Por lo general se utilizan perros o caballos, aunque no exclusivamente.

Es condicionante para esta actividad la selección, entrenamiento y certificación de aquellos animales que serán utilizados como herramientas de trabajo terapéutico sobre enfermedades que debilitan y/o afectan en el plano social, emocional y cognitivo.

Es por ello que existe opocisión por parte de grupos abolicionistas de la explotación animal, ya que a pesar de que no exista de por sí algún grado de sufrimiento visible, se trata de una participación sin acuerdo de todas las partes involucradas. “Los animales no humanos solo manifiestan su rechazo explícitamente con su comportamiento [a] aquellos actos evidentes donde desean escapar o evitar un daño físico, pero no aquellos donde se les manipula para que perciban un bienestar y no se percaten de la vulneración de su dignidad como sujetos”.

Sostienen su postura en el hecho de que para implicar a los animales en las actividades de terapia asistida, primeramente deben atravesar un periodo de entrenamiento pura y exclusivamente en pos del beneficio humano.

Alicia Dell’ Arciprette, presidente de la agrupación Terapia Asistida con Perros, explicó en una entrevista que “a partir de la séptima semana de vida los cachorros son adiestrados y educados hasta lograr una madurez emocional. Preparar a un perro puede demorar entre 18 meses y dos años”. Este entrenamiento incluye “desensibilizarlos, esto es, lograr que los perritos tengan la capacidad de soportar palmadas fuertes, golpes o tiradas de cola por parte de los nenes en rehabilitación”.

Aunque existen numerosos estudios sobre el efecto terapéutico de los animales no humanos en humanos, al momento se sigue considerando su uso como una alternativa complementaria a terapias psicológicas, psiquiátricas y clínicas, por lo que es reemplazable por otras alternativas.

Aún así, la información demuestra que los animales no humanos tienen la habilidad de reducir el estrés, la ansiedad y proveer confort a los pacientes con quienes interactúan. Estos efectos son medibles, al comprobarse un incremento de la liberación de endorfinas en los humanos sujeto de los estudios. Las endorfinas son químicos cerebrales que actúan como analgésicos y producen euforia.

Además, se comprobó que reducen los sentimientos de miedo o preocupaciones, así como proveen de motivación, estimulación y capacidad de concentración. De esta forma, la Terapia Asistida por Animales es práctica para tratar síntomas de pacientes con demencia, depresión, autismo, esquizofrenia, déficit de atención, o estrés post traumático.

Otra forma de asistencia animal a pacientes humanos es como alerta de futuras crisis, como ser episodios epilépticos, fallas cardíacas, pérdidas de conciencia, o ataques de pánico. En su inmensa mayoría se utilizan perros de compañía para estas tareas, por su capacidad olfativa y percepción sensorial aguda pueden detectar indicadores de estas crisis antes que el mismo paciente, además de que es más sencillo que puedan acompañarlos en la vida cotidiana.

Tal vez pueda encontrarse un punto medio en el debate sobre el uso de animales para beneficiar a pacientes humanos, entendiendo que debe tratarse de una relación recíproca de amor y empatía. Cualquiera que haya estado en contacto con ellos puede saber de lo noble de sus intenciones, y como cuando establecen un vínculo con un humano, disfrutan del ida y vuelta de cariño y respeto.

Todos los animales, humanos y no humanos, merecemos la dignidad de una vida libre, donde nos elijamos mutuamente.

 

 

 

[Redacción: Pilar Leonardi, Voluntaria del Santuario El Paraíso de los Animales]