Este primero de noviembre encuentra a nuestra madre tierra en un punto límite. Por sólo citar un ejemplo, el 26 de octubre pasado La ciudad de Buenos Aires alcanzó el valor más alto de temperatura registrado para el mes de octubre desde 1960.

¿Por qué el veganismo?

Habitar el veganismo es algo más que alimentarse a base de plantas. Es una postura que busca dejar de lado el antropocentrismo para comenzar a habitar una antropología mas allá de lo humano (Kohn, 2013 [2021]).

Si las interacciones transespecies dependen de la capacidad de reconocer la mismidad de otros seres, perder esta capacidad puede ser desastroso (Kohn, 2013 [2021], p. 160). Entonces la propuesta es vernos con el otro y no en el otro.


Para desmontar las categorías de superioridad que pareciera colocar a las personas por encima de todos los otros seres ya no alcanza con cuestionar los privilegios. Es urgente comenzar a comprender que si el planeta está enfermos todos los seres que estamos alojados allí también lo estamos ¿La diferencia? Que el modelo productivo pensado y ejecutado por la humanidad está depredando absolutamente toda posibilidad de vida, incluso la propia.


¿Por qué el veganismo?

El veganismo es un modo de habitar que respeta no sólo a todos los animales sino también a la maravillosa madre tierra (Gaia). Esta fecha ayuda a visibilizar el trabajo de activistas, santuarios, personas individuales en la defensa del planeta.


Un estilo de vida basado en plantas y que promueve la sustentabilidad ayuda a disminuir las emisiones de CO2, muestra que las personas están sanas y activas, pone de manifiesto la tragedia de los mataderos y granjas…En un diálogo que reconoce y se produce de manera conjunta con los sujetos no humanos.

En una entrevista reciente, Damián Verzeñassi refería lo siguiente:

Lo que queda es resistir. Resistir para poder re-existir, re-existir para sembrar los futuros que nos merecemos y que solo serán posibles en la medida en que seamos capaces de evitar que siga avanzando y profundizándose esta lógica extractivista destructora de territorios que, como nosotros decimos, es una herramienta de lo que denominamos la geopolítica de la enfermedad. Es decir, la definición del mundo en lugares que deben cuidarse para que sus habitantes puedan vivir saludablemente y otras que deben ser sacrificadas, áreas o zonas de sacrificio, para garantizar la posibilidad de recuperación de las primeras. Claramente la agroindustria y el paquete tecnológico que se instalan en nuestros territorios y no en otros son el resultado y expresión de esos sistemas científicos y universitarios cooptados por el poder de las corporaciones. Cuando hablamos de geopolítica de la enfermedad hablamos de traspaso de las industrias sucias a nuestros territorios, anunciadas por el Banco Mundial en 1991 y ejecutada por los gobiernos regionales y locales desde entonces sin ningún tipo de diferencia ni de grieta, más allá de los lineamientos político-partidarios que sostiene a unos y a otros. En este sentido los llamados progresismos latinoamericanos han sido tan cómplices como las derechas más clásicas y recalcitrantes.


Redactado por Úrsula Serdarevich, voluntaria de la Fundación.